Mostrando entradas con la etiqueta Obsesiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Obsesiones. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de enero de 2018

Opuestos Complementarios

Uno es el hombre
uno no sabe nada de esas cosas
que los poetas, los ciegos, las remeras
llaman "misterio", temen y lamentan.
Jaime Sabines


Ser mujer tiene sus implicaciones, ciertas ventajas y algunas complicaciones. ¿La posmodernidad ha venido a embrollar la situación un poco más? Ahora, además de mantener el hogar adecuadamente limpio y ordenado, encargarse de la ropa, las compras, hacer comida, y la crianza de los hijos; las mujeres han trabajar y que no se nos olvide el santo mandato de estar siempre linda y bien depilada. Estoy exagerando, como de costumbre.

Pero, una vez dicho lo anterior, me pregunto: ¿es esto ser mujer? ¿Y qué repercusiones tiene entonces ser varón? ¿El mandato de ser fuerte, alto, trabajador, decidido y pudiente es asequible para todos? En los días que corren los hombres están cada vez más implicados en las tareas domésticas y empiezan a involucrarse más activamente en la paternidad. 

Simone de Beauvoir señala que la mirada que califica a una mujer de coqueta o sumisa; frívola, caprichosa o cariñosa es un constructo social y agrega que el confinamiento femenino a las tareas del hogar tiene como resultado falta de libertad. Y es cierto que la posibilidad del propio sustento se acompaña de la ocasión de elegir. El acceso a un ingreso propio ha sido importante en la conquista femenina del empoderamiento, aunque ¿escucharon hablar de la desigualdad salarial? 

http://www.lanacion.com.ar/2102470-las-mujeres-ganan-un-23-menos-que-los-hombres-el-mayor-robo-de-la-historia-segun-la-onu

Hay que decir también que muchas mujeres son cabeza de familia, y que, hace apenas 30 años, era posible mantener un clan con el sueldo de uno solo y ahora eso parece cada vez más utópico. ¿Comprar una propiedad? Algunos bancos te invitan a pagar la hipoteca de aquí a que te mueras... pero eso es harina de otro costal.

Volvamos al tema de género. Judith Butler, quien desarrolló la Teoría Queer, definió el género como un discurso normativo social. Afirma que la orientación e identidad sexual no son naturales sino, de nuevo, y de acuerdo con Simone, construcciones sociales restrictivas impuestas por la cultura. 

Los estereotipos son interesantes de observar. En Argentina, me han preguntado más de una vez si es verdad que los mexicanos son muy machistas, a lo que ríendome he contestado: yo diría que son muy mandilones. [Léase pollerudos, calzonazos]. La verdad es que hay de todo, como en cualquier parte: incluso en países de primer mundo un alto porcentaje de mujeres declara haber sido víctima de abusos por parte de su pareja, así que, al parecer eso del machismo es internacional. Y cuando nos referimos a víctimas de violencia de género, no estamos hablando necesariamente de gente sin educación o sin recursos, citamos también a mujeres con grado universitario, bien informadas, insertas en la gran maquinaria social y que muchas veces ocupan cargos importantes dentro de las grandes organizaciones. 

Pero, si bien estamos de acuerdo con que los hombres y las mujeres hemos de gozar de los mismos privilegios, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Grandes grupos de mujeres salieron hace unos meses a mostrar sus torsos desnudos en el centro de Buenos Aires por la igualdad de género. Todo comenzó cuando la policía les pidió a tres bañistas que hacían topless que se cubrieran en una playa argentina.

 https://www.clarin.com/sociedad/vivo-tetazo-obelisco_0_HkBBahwdl.html

Eso se puso polémico porque luego al parecer, algunas mujeres se sintieron ofendidas por la presencia de los hombres que acompañaban la manifestación:

https://www.infobae.com/tendencias/2017/02/07/el-tetazo-desde-adentro-entre-el-derecho-a-mostrar-el-cuerpo-los-curiosos-y-la-confusion/

¿Se solucionaría todo este asunto si, por ejemplo, un buen día, los empleadores decidieran igualar los salarios de sus empleados? ¿Qué pasa con las madres que educan distinto a sus hijos varones que a las chicas? Ellos a relajarse mientras las niñas lavan los platos. Mi madre me contó que en su adolescencia planchaba la ropa de sus seis hermanos. Hasta el hartazgo, hemos escuchado historias sobre la preferencia sobre los hijos varones porque ellos van a preservar el apellido, porque darán continuidad a la empresa familiar y demás. Esto se refleja, explica Jodorowsky en la masculinización de nombres femeninos, poner a una niña Jorgelina, Francisca, Juana, Rafaela y tantos otros. Ser mujer y haber sido deseada por los padres como varón, o ser hombre cuando los papás querían una niña, impacta en el inconsciente de la persona que tiende a mostrar distintos comportamientos para "intentar agradar y ser aceptado". Para más información busque: Proyecto sentido.

Volvamos al punto medular: Además de las obvias diferencias que saltan a la vista entre hombres y mujeres, la Neurobiología responde algunas preguntas acerca de nuestro comportamiento. Por ejemplo, gracias a la resonancia magnética, hoy sabemos que el área preóptica medial en el hipotálamo, encargada del impulso sexual es dos veces y media mayor en los varones. Además, las uniones tempoparietales dedicadas al procesamiento cognitivo de las emociones son más activas en ellos; mientras tanto las neuronas espejo, (otro sistema de procesamiento del cerebro) es más activo en las mujeres, que tienen más empatía y desarrollan más conexiones en los centros de comunicación. El hipocampo de la mujer es un poco más grande, eso significa: mayor inteligencia emocional. 

Esta es la razón por la cual, cuando cuentas tus problemas a un tipo, casi siempre, éste va a ofrecer una solución pragmática, mientras una fémina será capaz de darte contención emocional.

Otra observación tiene que ver con el hecho de que nosotras somos multitareas, capaces de utilizar ambos hemisferios cerebrales al mismo tiempo y ellos no [punto para las damas]. 

Las hormonas juegan un papel muy especial en todo este enredo, la testosterona, que como una bomba explota en el cuerpo de los fetos que serán niños para formar el aparato reproductor masculino, decrece en la primera infancia y se incrementa en un 250% en los chicos de 9 a 15 años. 

Según la Neurobióloga Louann Brizendine, el cerebro de los hombres no termina de madurar sino hasta entre los 22 y 25 años. ¡Esto explica muchas cosas! Me he quedado más tranquila al saberlo. Además comenta que los hombres mayores de sesentaytantos años, que han bajado considerablemente sus niveles de testosterona se vuelven más comprensivos y afables, ¡abuelos que dan ternurita!

Bromas aparte, lo que me parece más oportuno es preguntar, ¿cómo podemos asumir nuestra responsabilidad por la denominada guerra de sexos? ¿Qué medidas hemos de tomar para realizar un cambio verdadero y tangible en nuestra vida y en la sociedad de la que hacemos parte? Un buen inicio puede ser aceptar y celebrar nuestras diferencias que gracias a siglos de evolución garantizan el futuro de la especie. Educar a los niños en la igualdad de valores, sentirnos nosotros mismos en nuestra intimidad igual de valiosos que cualquiera. Al final de cuentas, hombres y mujeres somos los polos negativo y positivo que se atraen: opuestos complementarios.

Por cierto, ¿sabían que las células tienen género? Hace poco leí un artículo que explica cómo los transplantes de órganos son mejor aceptados cuando vienen de mujer a mujer o de hombre a hombre. Otro día hablaremos más al respecto.




viernes, 20 de enero de 2012

Just enjoy the show



—¿Pero qué va a suceder cuando llegue el día en que ...?
Me preguntaba mientras me dejaba asaltar por continuos raptos de inquietud hasta que lo comprendí: no tiene sentido preocuparse por lo que no ha ocurrido porque ¡oh, no sabemos lo que viene! Y en honor a la verdad hay que aclarar que puede ser cualquier cosa.

Vivir el ahora es una invitación recurrente, sin embargo, no es fácil conseguirlo. Siempre hay factores que nos recuerdan que debemos proteger las futuras finanzas, emociones; en suma, prever las consecuencias. "Expectation: that's an interesting word", me dijo hace poco Barry, mi amigo septuagenario originario de Canadá.

Alguna vez me sucedió aquello de no esperar nada, pero esperar. Ahora, cuando me preguntan qué haré en un par de semanas, por ejemplo, digo que prefiero no hacer planes a tan largo plazo. Es paradójico, la vida es una cosa muy seria y hay que mirar bien por dónde vamos; pero al mismo tiempo, es sólo un sueño, quizá deberíamos evitar la zozobra.

Lo que importa es el camino y lo vamos recorriendo como quien transita un nocturno sendero boscoso alumbrado con la discreta luz de una vela, lo que alcanzamos a ver nos permite dar un siguiente paso. Y es suficiente.

martes, 10 de enero de 2012

La memoria como artífice


Camino hacia atrás

hacia lo que dejé

o me dejó.

Memoria

inminencia de precipicio

balcón

sobre el vacío.

Octavio Paz

El futuro será siempre cualquier cosa, salvo predecible. El porvenir escapa al control que buscamos con la ilusión de obtener seguridad. Pese a los innumerables esfuerzos humanos en el campo de la ciencia o la metafísica, nada nos ha valido para aproximarnos a la conquista del destino. No lo lograron los antiguos profetas, tampoco lo han conseguido los cálculos matemáticos, ni los vaticinios de las pitonisas.

Es en el pasado donde construimos certezas y, en este terreno, la memoria se antoja la más valiosa herramienta con la que contamos para edificar la identidad. Funcionamos, de facto, como un mecanismo de memoria. La capacidad de extraer sabiduría de la experiencia –ese ingenio mediante el cual almacenamos información– es en gran medida la garantía de supervivencia de nuestra especie. De la misma forma, el ADN (ácido desoxirribonucleico) que forma parte de nuestras células, contiene información genética en millones de letras químicas que son el recuerdo de la evolución. La vida misma está constituida de tal forma que garantiza que no escaparemos del ayer.

Sabemos quiénes somos porque hemos estructurado un relato biográfico, por eso quien pierde los recuerdos de su vida, pierde también el significado del yo, como sucede a Leonard, el protagonista de Memento. En la cinta, el héroe es incapaz de almacenar nuevos recuerdos, lo que complica la misión que se ha impuesto de atrapar al asesino de su esposa. Para intentar llevar una vida tan normal como sea posible utiliza un sistema basado en notas y fotografías instantáneas en cuyo reverso describe brevemente a las personas con las que interactúa cada día, así sustituye su memoria a corto plazo.

Es oportuno precisar que existen dos categorías principales para describir la memoria, la de largo plazo y la de corto plazo. La memoria a corto plazo decae rápidamente y nos permite retener información durante unos 30 segundos, el tiempo suficiente para marcar un número telefónico luego de haberlo visto en la agenda, por ejemplo. Mientras que los datos que depositamos en la memoria de largo plazo pueden durar toda la vida.

La memoria para identificar y dibujar en la mente caras, canciones, imágenes y olores parece casi ilimitada y digna de confianza, aunque los estudios revelan que a menudo distorsionamos, olvidamos y reinterpretamos el pasado para dar coherencia a la historia que representamos acerca de nosotros mismos.

Muchas personas no tienen recuerdos claros de su infancia temprana, Freud sostenía que olvidamos muchos acontecimientos infantiles porque nos resultan problemáticos. Poco importa, porque en realidad, nuestros recuerdos son poco fiables, como lo demuestra el relato que el psicólogo suizo Jean Piaget refiere en sus memorias:

“Aún puedo ver, muy claramente, la siguiente escena en la que creí durante mucho tiempo: A los dos años estaba sentado en mi cochecito, que era empujado por mi niñera en los Campos Elíseos, cuando un hombre intentó secuestrarme. Mi niñera se colocó heroicamente entre el ladrón y yo. A continuación se acercó un policía y el ladrón huyó. Todavía puedo ver toda la escena, pero cuando tenía 15 años, mis padres recibieron una carta de mi antigua niñera, quería devolver el reloj que había recibido como recompensa a su valiente intervención. Había inventado toda la historia. Esto indica que de niño debí oír este relato y proyecté en el pasado la memoria de un recuerdo falso. Muchos recuerdos que se tienen por reales, son indudablemente de la misma índole”.

¿En qué medida podemos confiar en nuestros recuerdos? Si de manera recurrente olvidamos fechas, nombres, citas o acontecimientos que parecen importantes, y por otro lado recordamos una infinidad de datos inútiles; si en la vida transcurren periodos que permanecen ocultos en las tinieblas de la razón a los que nos referimos porque contamos con pruebas documentales que los respaldan: fotografías, cartas o boletos de avión. A la larga, casi cualquier objeto puede servir como una voz que nos incita al regreso.

Se llama fabulación al fenómeno de asumir como una anécdota propia un acontecimiento que en realidad le ocurrió a otra persona, es algo que sucede de manera muy recurrente, sobre todo entre hermanos o amigos cercanos.

También se conocen como fabulaciones los relatos de enfermos que intentan cubrir sus lagunas amnésicas con hechos fantásticos, como sucedía al señor Thomson, a quien se refiere el neurólogo Oliver Sacks en su magnífico libro de historias clínicas El hombre que confundió a su mujer con un sombrero: “Este paciente no recordaba más allá de unos cuantos segundos, estaba continuamente desorientado. Se abrían a sus pies continuamente abismos de amnesia, pero él los salvaba con ingenio, mediante rápidas ficciones de todo tipo”. No puede decirse que este hombre sufriera a causa de su padecimiento, pero como hemos visto, la memoria (y la pérdida de la misma) suele tender numerosas trampas.

Tal vez, la pregunta clave es ¿qué determina la selección de evocaciones? Porque es verdad que la memoria limita la reconstrucción del ayer y sólo somos capaces de retener una miserable porción del fondo del tiempo. Acaso es la emoción lo que verdaderamente deja huella en la conciencia, en nuestro registro mental siempre tenemos acceso a los momentos más impactantes, a los de mayores alegrías y también las más grandes tristezas.

Hay quien insiste en dar vuelo a la parte malévola de su memoria, Miguel de Cervantes, quien exclamó: “¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!” era sin duda uno de estos personajes.

Muchos esfuerzos por resucitar las noticias del ayer se convierten en tortura porque con frecuencia los instantes que redescubrimos de nuestra vida pasada están rodeados por la inmensidad de un vacío espeso y sombrío, recordamos hechos aislados pero hemos olvidado sus antecedentes. Es necesario cuidar los nexos que conectan recuerdos, pues de lo contrario es posible caer en un laberinto en el que la vida se entiende como la suma de hechos contingentes, de sucesos fortuitos que dan cuenta de una vida sin propósito alguno. Debemos pues, percatarnos de que los acontecimientos son en gran medida —y después de todo—, resultado de nuestras determinaciones.

Entre muchas otras, existe la posibilidad de caer en alguna trampa de añoranza, evocar el pasado con insistencia hasta el extremo de pretender regresar a él. Todos conocemos la melancolía, uno de los más frecuentes fraudes de la memoria. Extrañar el ayer, el inasible tiempo pasado que algunos insisten, siempre fue mejor. La sabiduría popular señala que recordar es volver a vivir; pero hay que ser honestos, la memoria es incapaz de hacernos experimentar emociones que se fueron.

Otra condena de este género la padece quien insiste en invocar fantasmas, todo lo que sería mejor olvidar y que, casi sin querer, vuelve a cobrar fuerza en el juicio como lo haría en la ocasión un muerto mal enterrado. Pero la más insufrible de todas las angustias memorables sucede cuando lo que no llegó a ser nos atormenta. Joaquín Sabina lo dijo mejor: “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Olvidar nos ayuda a adaptarnos al presente, de alguna manera contribuye a nuestra felicidad. Quizá, la capacidad de ser personas optimistas depende en cierta medida de nuestra facilidad de hacer a un lado los momentos menos afortunados de nuestra existencia. Aunque ser desmemoriado también puede ser un problema.

Existen diversas teorías para explicar el fenómeno del olvido. La del decaimiento indica la información acaba por desaparecer de la memoria si no la utilizamos; mientras que la de interferencia plantea que los elementos de información parecida compiten entre sí, y que los datos se confunden en nuestra memoria. Asimismo, la teoría de la sustitución sugiere que la nueva información que accede a la memoria puede borrar la ya existente.

Con frecuencia utilizamos pistas para recordar algo, asociaciones que nos sirven de apoyo para encontrar un dato en la memoria, si llegamos a olvidarnos de la clave, olvidamos el resto, a esto se le conoce como olvido dependiente de claves.

Antes de que la imprenta se inventara, el adiestramiento de la memoria era de extraordinaria importancia, ahora disponemos de múltiples dispositivos que guardan toda la información que necesitamos para desempeñar nuestras tareas cotidianas, así no tenemos que preocuparnos por recordar direcciones, números telefónicos o compromisos.

Alguna vez, Borges escribió: “Somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”, y tenía razón, todos coleccionamos imágenes de lo sucedido. Al final, los recuerdos serán todo lo que nos quede.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Cuestión de fe

No se puede confiar en las personas.
¡Tuvieron que instalar inodoros automáticos
en los servicios públicos porque son incapaces
de presionar un botón!
Woody Allen

Una y otra vez he escuchado que la confianza se gana. Por desgracia (o como sea) yo no funciono así, para mí es un asunto meramente instintivo. Si alguien me parece de fiar, me tiene en sus garras hasta que demuestre lo contrario... el tema es que la fe en alguien se parece a la virginidad y a las convicciones políticas en que una vez que se pierden, no se recuperan nunca.

Y —como acertadamente refiere House— todos mentimos, los niños comienzan a hacerlo a los tres años, cuando se percatan de que sirve como un mecanismo de autodefensa y también para procurarse la aceptación de los superiores así como de los iguales. Algunos consideran que mentir puede llegar a ser muy divertido, hacer creer al otro cualquier cosa para después observar. Es que las ideas son el elemento más poderoso: con una buena idea puedes hacerte rico, cambiar tu vida, la de muchos otros. Pero mentir y comer pescado... hay que hacerlo con cuidado. Y es que el que miente a los demás termina por creer en sus propias mentiras.

Aunque también puede que la mentira esté infravalorada. Como sabe todo buen político, mentir bien es un arte y no faltan aquellos que lo entienden como un placer social: se regodean interpretando papeles para sus inocentes interlocutores-espectadores. Desde luego que un personaje no puede durar para siempre.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La trampa de la eternidad


¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Pregunta Calamaro para comenzar la primera canción de Honestidad Brutal, un disco que cumple con esta obligación de la verdad (que a veces es también una necesidad).

Hoy, amable lector, vamos a revisar —como hemos escudriñado hasta el hartazgo— la compleja y manoseada idea del cambio. Como siempre, un ejemplo perfecto para explicar lo que quiero son las relaciones humanas. Creo que todos podemos estar de acuerdo con que una de las cosas más excitantes que nos ocurren en la vida es conocer a alguien con quien, por alguna razón, nos sentimos identificados y cómodos. Es entonces cuando, quizá por un segundo, alcanzamos [o pensamos alcanzar] la comunión, y nos decimos a nosotros mismos: ojalá esto dure para siempre.

No nos damos cuenta de que esta idea es solamente una fantasía, que como dice San Agustín, hay dos cosas terribles que pueden sucederle a alguien, la primera es vivir una vida sin esperanza; y la segunda, que quizá sea la peor, es creer en una esperanza sin fundamento. Nos proponemos vivir intensamente cada segundo porque observamos que la vida transcurre rápidamente y, sin embargo, la mente se nos va con frecuencia hacia estas ensoñaciones, trampas del sistema de pensamiento, que nos invitan a seguir a una liebre coqueta: la idea de lo continuo. ¡Y no! Todo se acaba y, oh hermanos míos, eso es perfectamente normal.

Y es que, el solo concepto de eternidad nos cuesta trabajo con nuestra mente finita (o condicionada a la finitud): podemos quizá pensar en algo que no tiene fin, pero plantearnos una cosa que ha existido siempre es todo un parto. "Que una cosa que permanece en reposo seguirá manteniéndose así a menos que algo la perturbe, es una verdad de la que nadie duda; pero que cuando una cosa está en movimiento continuará moviéndose eternamente, a menos que algo la detenga, constituye una afirmación no tan fácil de entender aunque la razón sea idéntica", explica Thomas Hobbes en el Leviatán.

Entonces, me quedo con la máxima de Hefeso: Todo fluye, nada permanece.

Lo único permanente es el cambio... nomás que si tratan de encontrar para un billete de mil pesos, les deseo suerte, es casi como no traer dinero.

jueves, 3 de marzo de 2011

Todo cambia, yo también

Pensaba que la eutanasia es una buena solución. Apasionadamente argumentaba que nadie debería estar condenado a sufrir. Era una ferviente seguidora de las normas indoloras y el culto al hedonismo. Luego descubrí el carácter sagrado de la fatalidad en la vida y cambié de parecer. Recuerdo incluso haber intentado disuadir a un amigo de sacrificar a su perro enfermo de cáncer, "es su karma y debes respetarlo", le dije. No me hizo caso.

Algo semejante me ocurrió con el tabaco, me gustaba; después advertí que me mataría. Algunos dejan de fumar con hipnosis, otros recurren a los parches, chicles de nicotina o al valor mexicano. Yo deseaba dejarlo y lo conseguí gracias a una fortísima bronquitis hace casi ya tres años; claro que también tuve que ser fuerte, cuando recuperada, veía de cerca cómo lo disfrutaban mis amigos, compañeros de oficina y demás... ¡Cómo se me antojaba una calada! Después vino el asco. Me volví hipersensible y no toleraba el humo cerca de mi. Ahora que estoy en la fase tres encabezo una campaña contra el apestoso vicio del tabaco. Mentira. Sólo molesto a la banda que fuma.

También fui hippie. De muy joven estaba convencida de que el dinero no es tan importante —pos sí, no pagaba las cuentas—. Luego me percaté de mi absurdo: La buena vida es cara. Hay otra, pero esa no es buena. ¡Qué bonito es comer en un buen restaurante, dormir en sábanas de 10 mil hilos, usar tecnología de punta!

Perdí tantas veces mi postura que terminé por ganar la sola convicción de que continuaré haciéndolo. Es mi vida.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Así se ve desde acá


Había una vez un hombre que tenía problemas en los ojos, así que fue al doctor para una revisión. Después de reconocerlo, el médico se quitó sus propios lentes y los ofreció al paciente diciendo "con éstos verá perfectamente". El hombre, un poco desconfiado se los probó, luego de unos instantes contestó: "¡no veo nada!". Esta bonita historia que me contó Andrés Roemer durante una entrevista ilustra bien el problema de la perspectiva.

Donde yo veo una payasada ridícula, otros encuentran una idea brillante. Lo que considero falta de diplomacia es visto por otros simplemente como humor. ¿Dónde está el equilibrio? me pregunto una y otra vez. Intento respetar las perspectivas de los demás a través del ejercicio de la abstracción, me digo que considerando aisladamente cada elemento de las ideas de los otros puedo llegar a entenderlas. Y algunas veces lo consigo.

"Mi único problema con el mundo son los demás", me dice un amigo mientras esperamos que comience la función. Recuerdo las ideas recurrentes de mi adolescencia sobre lo feliz que sería si pudiera vivir aislada del mundo, en armonía conmigo misma, pero entiendo que nunca fue verdad. La riqueza del mundo consiste justamente en el hecho de que los otros existan, con sus gustos diferentes, con sus posiciones enfrentadas.

Sí, probablemente sería mucho más fácil si estuviéramos siempre de acuerdo, pero ¿qué sería de este mundo si todos quisiéramos vivir en el último piso, conducir BMW, ir a la playa de vacaciones? Después de todo, me alegra que exista la gente que prefiere beber vodka, así no se acaba el ron; qué bueno que a ti te gusta la lluvia, de cualquier forma te vas a joder mientras disfruto la primavera. Si piensas que no hay nada mejor que una comedia romántica a la manera de Sandra Bullock mientras te atragantas con palomitas, me gusta todavía más lo que hace Jean Pierre Jeunet.

Considerando lo anterior, admito que como experimento sociológico, de vez en cuando me gusta hacer las cosas a la manera de alguien más, puede ser muy divertido.

domingo, 29 de agosto de 2010

¡Tengo miedo!


Los miedos en el siglo XXI son el fenómeno más pronunciado en las voces de los ciudadanos y forma parte de la vida cotidiana en muchas familias porque la incertidumbre económica, la inseguridad social, la alteración climática y nuevas amenazas naturales, las guerras permanentes, el crecimiento incontrolable del crimen organizado y los riesgos informáticos han demostrado cuan frágiles somos y la carencia de recursos que tenemos para afrontar los escenarios cambiantes y las coyunturas impredecibles que vivimos a diario.

El poder termina donde comienza el miedo: Estamos aquí para vivir gustosamente todo lo que la vida tenga para ofrecer, para aportar nuestras ideas al mundo y mostrar nuestra excelencia personal. La civilización se basa en un acuerdo y en estos tiempos se nos reclama ofrecer al mundo, nuestra visión de armonía y cooperación. Busca los valores nobles y vive con intenciones honestas. Asume tu poder personal, acepta la responsabilidad en tu vida... El poder de vivir bien y prosperar es algo que debe crear cada uno, de modo que debes sembrar la semilla para un elegante cambio en el jardín de tu mente.

Entramos al túnel de la inseguridad y la angustia, nada ni nadie puede dotar de sentido y seguridad a las demandas ciudadanas, el Estado se acható, la globalización rompió las fronteras y soberanías nacionales, los poderes de facto del mercado imponen la política económica, los movimientos sociales derrumban entramados institucionales y la certeza se diluye en un mar de contradicciones y sin encontrar una dársena donde anclar la seguridad y desalojar los miedos de las subjetividades colectivas.

El uso sano del miedo tiene su sentido y puede servir como una voz de alarma para que no te acerques demasiado a un precipicio. Cuando te acercas a un verdadero peligro, tu cuerpo siente un auténtico sofoco de energía, pues la amígdala envía señales de luchar o huir. Nuestra mayor prueba consiste en hacer que el cuerpo supere el miedo. Cuando el centro del miedo se activa constantemente y se convierte en un hábito, la mente no puede pensar claramente. Cuando cambies tu actitud, cambiarás también tu vida individual y colectiva. En todas partes del mundo se están dando cuenta de que es necesario reorientar la dirección de la atención global hacia la honestidad e integridad, valorando la paz y honrando y cuidando respetuosamente la Tierra y todas sus criaturas.

El miedo en la sociedad es, entonces, inconmensurable debido a su manifestación en lo extenso de la capilaridad del cuerpo social y con diversas expresiones. Existen los miedos a ser pobre, a quedar excluido, perder la vida, llegar a desemplearse o estar enfermo por epidemias emergentes, quizás a no contar con su familia o la desaparición de sus padres, en fin, hay diversos miedos pero siempre existe una fuente de miedo porque no existe el miedo a lo desconocido sino al ente, sujeto o factor que lo determina.

La humanidad se está poniendo a prueba para ser mucho más consciente de cómo utilizar el poder del pensamiento. Hemos nacido con muchas habilidades; sin embargo, nuestras creencias insisten en el hecho de que somos impotentes; por eso, esas habilidades están bloqueadas. La clave para solucionar la crisis planetaria se halla en el humilde reconocimiento que la humanidad ha desarrollado una especie de miedo colectivo ante el poder de crear.

Todo es perspectiva, mis queridos hermanos.

Itálicas: citas de Arquitectura política del miedo, de Robinson Salazar

Negritas: extractos de Recuperar el poder, de Barbara Marciniak

Ahora los dejo. Si les apetece, vean nomás lo ridículos que se ponen cuando le temen a cualquier cosa...




miércoles, 25 de agosto de 2010

Why can't we be friends?


Que alguien me explique, ¿por qué si le dedicas una sonrisa a un tipo asume automáticamente que le estás coqueteando? Jelouuu. Siempre digo que las relaciones humanas son bien complicadas pero no, lo complicado es lidiar con la tendencia de algunos a pensar mal.

Entiéndelo de una buena vez, los hombres y las mujeres no pueden ser amigos, insiste Eli, mi amigo el guionista. Es lo mismo que Billy Crystal dice a Meg Ryan en When Harry met Sally:

H:Los hombres y las mujeres no pueden ser amigos porque siempre se interpone la parte sexual S: Estás equivocado, yo tengo muchos amigos y para nosotros, el sexo no cuenta para nada H: No es cierto S: Sí es cierto H: Tú crees que es así S: ¿Insinúas que me acuesto con todos mis amigos sin saberlo? H: No, pero todos ellos quieren acostase contigo S: No es cierto H: Sí es cierto S: No es cierto H: Sí es cierto S: Y tú ¿cómo lo sabes? H:Porque ningún hombre puede ser amigo de una mujer a la que encuentra atractiva, siempre quiere acostarse con ella S: Según tú, un hombre sólo puede ser amigo de una mujer si no la encuentra atractiva H: No. Si es amigo de una mujer a la que no encuentra atractiva, igual querrá acostarse con ella. El sexo siempre está presente, por lo que la amistad está condenada y ese es el fin de la historia

Pero yo necia.

miércoles, 23 de junio de 2010

Siempre me pasa lo mismo

Nos quejamos incansablemente, jodemos al terapeuta, a los amigos y familiares con las mismas broncas, lo de siempre, idénticos cuentos (quizá cambian de nombre pero la trampa es igual). Ellos, comprensivos, escuchan y a veces, nos dicen lo que no podemos ver: qué estamos haciendo mal.

Luego nos encontramos del otro lado, prestando oídos. Y sabemos exactamente dónde la está cagando el otro, es muy fácil cuando no estás nadando en ese caos.

Cada día aceptamos el desafío de la abstracción, y la tarea de diseccionar la propia vida, analizamos dónde está el quid de la situación par llegar al mismo punto: hacemos las mismas cosas esperando distintos resultados.

Por eso, aquí les va la receta:


viernes, 14 de mayo de 2010

Es cierto

La verdad es sólo un cabo suelto de la mentira
Joaquín Sabina

Procuro decir siempre la verdad. Lo hago, ciertamente, porque considero que es una manera de evitar problemas futuros, se puede decir que soy muy marica y en ello radica el secreto de mi honestidad. Cuando tengo que mentir, me invento las cosas más inverosímiles, así me divierto. Muchas veces consigo que se traguen mis cuentos, tengo crédito porque como dije antes, los que me conocen saben que soy de fiar… luego termino siempre por confesarlo todo. Soy mejor que mi reputación.

Pero volvamos a la vida cotidiana: Supongamos que me encuentro tomando café con un amigo, debo relatar algún acontecimiento que tuve ocasión de presenciar, trato entonces ir paso por paso, me concentro e intento apegarme a los hechos. De pronto me doy cuenta de que abuso de ciertos recursos, digo cosas como “desde donde me encontraba pude ver…”.

Al otro día, mientras tomo un baño, hago una de mis reflexiones habituales (lo que quiere decir que le doy vueltas a las cosas hasta que surge una idea súper volada) y concluyo que pude haber estructurado la misma historia de mil formas distintas, alterando la experiencia sólo en detalles nimios que no pudieran considerarse de forma alguna mentiras, simplemente posibilidades. Es decir, pienso que cuando ocurre un acontecimiento específico, hay muchas cosas que pudieron haber sucedido en su lugar, lo que implica que de alguna manera, la mentira ocupa un sitio más importante en el campo de lo posible que la verdad misma.

Uno de los temas de debate más recurrentes durante mi paso por la escuela de periodismo era, como sabrán, el de la existencia de la objetividad. Naturalmente, siempre defendí el derecho a ser parcial, ííí’ñor. Si Protágoras dijo que el hombre es la medida de todas las cosas, afirmo que soy yo la medida de todas las cosas. Y siempre estoy pensando en lo mismo, Shopenhauer tenía razón: El mundo en que se vive depende, ante todo, de la interpretación que se tenga de él. Y nadie tiene el absoluto, somos seres inacabados, estamos siempre aprendiendo, apuesto la cabeza a que moriré sin haber visto todo lo que hubiera querido.

martes, 23 de marzo de 2010

¡Sobrinos, por favor!


He notado que este mundo está muy escasamente poblado.

Bueno, ya. La mera verdad es que ya se me cuecen las habas por tener a quien malcriar: quiero sobrinos. Lamentablemente, mi hermana ni novio tiene, ash. No se atrevan a aconsejarme que tenga hijos, por favor, eso da asco (además, por el momento vivo en la soltería más abyecta).
Pero quiero experimentar todas las cosas buenas que los mocosos pueden ofrecer, se me ocurren varias que hacen suspirar: huelen rico, se les puede vestir y peinar ridiculamente y se ven adorables, se ríen con extrema facilidad, y lo que más me gusta, siempre te miran a los ojos. Mientras no aprendan a hablar, les puedo apachurrar los cachetes a gusto. Ah, tengo muchas ganas de leerle cuentos, ponerle música, llevarlo al cine, comprarle dulces y juguetes.
Pero como dije antes, hijos no. Siempre he sabido que no quiero ser mamá, sólo de pensarlo me dan arcadas. Y tengo mis razones:
Mi vida profesional es muy importante como para sacrificarla por un hijo, y Dios sabe que los niños necesitan que les dediques mucho tiempo (que prefiero usar para ir al cine o para leer).
Es muy caro (me gusta más gastar en mi que el los demás).
Los bebés siempre arruinan el romance.
Mi mamá es tan, pero tan buena, que no creo poder superarla.
No hay manera de decirle a alguien que no haga lo que yo hago siempre.
Guácala con lo de cambiar pañales.
Me gusta dormir tranquila.
No tengo instinto materno, la idea de los sobrinos me gusta porque sólo implica las partes buenas del asunto.
El embarazo debe ser un tormento.
Ya somos muchos aquí.

miércoles, 17 de marzo de 2010

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?


Digo que no puede decirse el amor
el amor se come como un pan
se muerde como un labio
se bebe como un manantial

Jaime Sabines

Como concepto está tan manoseado que algunas veces hasta flojera da pensar en él. Sin embargo, no puedo dejar de abordarlo, finalmente todos lo buscamos —aunque nos cause un poco de vergüenza admitirlo—. Ya me pasé muchos años diciendo que para mi, el amor era puro cuento, un invento de los publicistas, un argumento para coger... luego me dio por la fe y ¡qué bonito! Después nada, pero la cosa es que mis ideas han cambiado.

Ahora pienso que "te amo" es una frase muy grave [ah, que pinche ñoña soy]. Siempre cae bien que alguien te lo diga, y qué maravilloso es tener ganas de decírselo a alguien; pero ¿qué significa? Porque hay que precisar que la calentura no es amor (carajo, ni se parece; no comprendo por qué algunos los confunden), que el cariño que nace naturalmente después de muchas horas de conversación, cervezas y cine con los amigos no es amor; y que definitivamente, la dependencia que sufre la banda que amenaza con suicidarse con cada ruptura no es amor.

Hay que apuntar que existe una diferencia entre amar y estar enamorado. Para ilustrarlo les contaré la historia de R. Lo conocí cuando tenía 16 años y estaba en primer año de bachillerato. Él estaba en último curso y cada mañana llegaba y lo encontraba recargado en el mismo sitio, instalado en su pose de chico malo. Me ponía tan nerviosa que no podía ni hablar cuando estaba cerca de él, las pocas veces que conversamos me di cuenta de que no teníamos afinidad intelectual pero igual me encantaba. Era algo químico. Una vez salimos, fuimos a jugar billar (¡qué emoción!) se acercó para besarme pero yo, pendejamente, me quité. Después él salió de la escuela y no lo vi más. Bueno, se queda en lo anecdótico, pero el chiste es que jamás me volví a poner nerviosa con nungún tipo por mucho que me gustara (me encantaría volver a experimentar esa sensación adolescente). Creo que ese es un buen ejemplo de enamoramiento, palabra que bien podría ser sinónimo de aturdimiento.

Luego tenemos "lo que viene siendo amorrr", que después de darle muchas vueltas, creo que se relaciona con la aceptación total de una persona. Pongamos otro ejemplo, hace algún tiempo hablaba con una amiga que decía que ya no le apetece sexualmente su novio porque ha ganado peso (!). Enseguda pensé "es porque no lo ama" y recordé el caso de J, un novio que tuve. Oh, no sabía que podía ser tan cursi; le enviaba mensajes que decían cosas del estilo "eres hermoso como un amanecer", o "te amo porque sabes convertir miradas en sonrisas, sonrisas en suspiros y suspiros en soles".

Cuando lo conocí tenía un cuerpo atlético, pasaba horas en el gimnasio, pero después de unos seis meses de bajonear con pizza de peperoni, cheesecake y otros caprichos altos en calorías, pues se puso gordito. Yo lo seguía amando locamente, me hubiera valido madre que se quedara calvo. Recuerdo que cuando llevábamos como dos o tres meses me fui de viaje a Argentina y me sorprendió lo perros que son los porteños, en Cuba lo entendía porque todos te ven cara de pasaporte, pero en Buenos Aires recibí tantas "ofertas masculinas" de sujetos tan guapos que me resultó difícil resistir, ah pero yo amaba a mi novio y pus no le puse el cuerno [seguro que no hubiera estado mal]. Eso es amor del bueno, chingá. En fin, que luego terminamos, pero igual me gustaría volver a sentir eso —por alguien más—, y que sea mucho tiempo por favor.

Muchas personas se pasan la vida creyendo que van a ser verdaderamente felices sólo cuando por fin encuentren a la persona que las complemente, a su "media naranja" (como si las personas fueran sólo una mitad). Ese argumento me parece muy sospechoso. Yo digo que no, para mí que la felicidad depende de cada quien, hay que moverse de un lugar en el que no te sientes cómodo, hay que buscar ocuparte de lo que es importante para ti. Para mi la felicidad es una responsabilidad, pues.

Y sí, encontrar una pareja es importante, pero hay que saber distinguir entre amar, estar enamorado, obsesionado o nomás obstinado. Porque cuando amas de verdad, eres bueno, por eso san Agustín decía "ama y haz lo que quieras"; por muy ñoño que parezca, es algo sagrado. Pero cuando estás enamorado eres idiota, y cuando estás obstinado cuídate de no acatarrar.

*La ilustración es de Alex Gray, quien pronto viene a México.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Historias insospechadas


Todos pensamos alguna vez que algunas personas con las que interactuamos son sólo personajes limitados al campo en el que las conocemos, normalmente asuminos que nuestro dentista es sólo eso, no sabemos —y no tenemos por qué ni como enterarnos— que se está divorciando y sufre, o que el cerebro del director no secreta una sustancia y por lo tanto padece insomnio crónico, o que la recepcionista de la oficina está por celebrar su aniversario de bodas número 25.
Sin embargo, con un poco de suerte (o de mala suerte), algunas veces las personas se detienen a compartir sus historias simplemente para matar el rato, para desahogarse, para hacernos reír o porque no tienen a nadie más con quien hablar. Sea como fuere, cuando se presenta la oportunidad, siempre escucho de muy buena gana las aventuras festivas y tragedias de quien me quiera contar, me intereso sinceramente, pregunto qué sucedió después y luego digo lo mismo que los otros: "Qué maravilla", "yo habría hecho lo mismo", "lamento escucharlo" o "¡qué buena historia!".
Hace unos días supe cómo se casó la mujer de casi 60 años que viene una o dos veces a la semana a la casa de mi madre para ayudar con la limpieza, es una señora amable y se diría que hasta cariñosa que siempre se está quejando de que le duele algo. Ella vivía —de pura caualidad— en el mismo pueblo michoacano en el que nació mi abuela, aunque eso no es relevante. Tenía 17 años (la señora, no mi abuela), y andaba de novia con su ahora esposo. Una tarde salió con él creyendo que se dirigían a casa de su hermana (de él, no de ella), pero en realidad la llevó a un hotel, al que entró sin sospechar porque no sabía leer. Ahí le arrancó la ropa y la violó. No la sedujo, ni la convenció, no se pueden usar eufemismos.
Poco después se celebró la boda, porque así tenía que ser, ella usó un vestido azul, pos ya no era virgen, ¿verdad? Ni modo que se vistira de blanco. Tienen cuatro hijos y todavía están juntos, hasta que se mueran, no importa que todo comenzara con la ignorancia y el miedo.
Por fortuna también he escuchado historias hermosas, inverosímiles pero ciertas. Luego se las digo también, mientras tanto seguiré especulando acerca de lo que nunca me contarán los extraños.

jueves, 25 de febrero de 2010

Palabras más, palabras menos


Me gustan las palabras, me fascinan los diccionarios: Bilingües, técnicos, etimológicos, enciclopédicos, de dudas, de regionalismos; en la oficina siempre tengo a la mano el de sinónimos y antónimos. Pero mi favorito es en definitiva El diccionario del diablo de Ambrose Bierce, es ingenioso y perverso, las cualidades que más me atraen. Veamos algunas definiciones:

Amor: s. Insania temporal curable mediante el matrimonio, o alejando al paciente de las influencias bajo las que ha contraído el mal. Esta enfermedad —como las caries y muchas otras— sólo se expande entre las razas que viven en condiciones artificiales; las naciones bárbaras que respiran aire puro y comen alimentos sencillos, son inmunes a su devastación.

Diccionario: s. Perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad. El presente diccionario, sin embargo, es una obra útil.

Futuro: s. Época en la que nuestros negocios prosperan, nuestros amigos son leales y nuestra felicidad está asegurada.
Injusticia: s. De todas las cargas que soportamos o imponemos a los demás, la injusticia es la que pesa menos en las manos y más en la espalda.

Paciencia: s. Forma menor de la desesperación, disfrazada de virtud.

Desde hace algún tiempo, yo misma me he ocupado en elaborar una lista que denomino "Palabras de la momiza", que incluye expresiones de mi abuela [y otras doñas y ñores] y que sería una lástima que cayeran en desuso. ¡Ayúdenme a rescatarlas!

Cotorrear: v. Gozar, divertirse.

Chipil: adj. Dicho de una persona. Sensible.

Modorra: s. Cansancio.

Achicopalado: adj. Dicho de una persona que está triste.

Tarugada: f. Dicho o hecho tonto.

Itacate: m. Provisión de comida.

Argüende: m. Escándalo.

Emperifollado: adj. Dicho de una persona que va muy arreglada.

Algunas frases:

"Me va a dar el telele": Sufriré un colapso nervioso
"Ya chupó faros": Feneció
"Este cuate ya se ve muy traqueteado": Ese sujeto luce avejentado
"Estás dado al cuaz". Estás jodido
"Se me antojó una fritanga": Quiero comer chatarra grasosa
"Eres un fantoche": Eres presumido
"Tengo un titipuchal de trabajo": Tengo mucho trabajo

Y mi favorita de todas (gracias, mamá): "Estoy con el pendiente". Que significa "me siento preocupada".




jueves, 18 de febrero de 2010

Fotografías


Una de las ideas que me asaltan de manera recurrente es el profundo desconocimiento de mi misma: con frecuencia me sorprende descubrir algún gesto extraño en una foto propia y no puedo creer que esa sea mi voz cuando la escucho en una grabación. Ya decía Milán Kundera que somos los más grandes extraños para nosotros mismos, nunca sabremos qué nos hace simpáticos, atractivos o desagradables desde la perspectiva de los demás.
Lo mismo sucede con nuestras reacciones, no tenemos idea de qué vamos a decir o hacer en una situación determinada, pensamos por ejemplo, que si alguna vez nos encontramos en peligro correremos, y a la hora de los cocolazos nos quedamos petrificados.
Si esto sucede a pesar de que vivimos en nuestro pellejo, la cosa se complica necesariamente con los demás, de tal manera que recurrimos al viejo truco de las etiquetas. Es algo que pienso desde que vi Memento [Amnesia] hace algunos años, el argumento de la cinta es muy interesante; Leonard, el héroe, ha perdido la memoria a corto plazo, sólo recuerda lo que sucedió hasta el día en que su esposa fue asesinada y sólo piensa en vengarse. Para sobrevivir y consolidar su plan, se ha tatuado algunos mensajes importantes, y cada vez que conoce a una nueva persona, toma una fotografía instantánea y escribe al reverso un par de cosas que le sirvan como guía para la próxima vez que la vea.
Aunque nuestra memoria funcione bien, pienso que la de Leonard es una estrategia que todos desarrollamos para intentar comprender a los demás y relacionarnos con ellos. Según mi teoría, todo funciona de la siguiente manera:
1. Conocemos a alguien
2. Creamos un juicio de valor a partir de nuestras propias referencias
3. Le pegamos en la frente —o en la espalda— una o varias etiquetas
4. Nos comportamos de acuerdo con lo que hemos decidido que es el sujeto en cuestión
Suponiendo que pensamos que esa persona es simpática, seguro la vamos a tratar muy bien, ella lo va a notar y se portará amablemente también. Lo malo es que algunas veces pasa lo contrario, decidimos muy temprano en una relación que el otro es distinto, que es tonto, por decir algo. Luego lo tratamos como si lo fuera y naturalmente, luego no nos soportamos.
No digo que no existan personas infumables, sin embargo es patético invertir nuestro valiosísimo tiempo en pensar cosas desagradables del resto de los mortales.
Propongo pues, una solución ñoña y sumamente romántica que a mí siempre me funcionó: Si alguien te caga, piensa en qué se parece a ti, trata de conocerlo un poco más y comienza a tratarlo con cariño. No es nada fácil, porque como dice uno de esos idiotas grupos de Facebook, "cuando alguien te cae mal, todo lo que dice te parece estúpido", pero casi todas las personas tienen algo bueno que ofrecer.