sábado, 26 de marzo de 2011

Toda la vida


Llegó la hora de cambiar de cartera, de obtener una nueva licencia de manejo, de sacar otra credencial de elector. No, no es el ánimo de renovación —efectivamente, una constante en mi existencia—, es sólo que anoche me sacaron la billetera del bolso en Zydeco.

Poco me importa, pese a que he tenido mucho trabajo los últimos días, ando de buenas. Estoy atravesando por lo que he denominado "un estado de optimismo exacerbado no romántico". Uno de mis secretos para ser feliz es encontrar el lado bueno de la vida y para todo. —¿Qué importa si debo ir a reponer las credenciales si saldré mejor en las próximas fotos? Me dije, con todo y que, como sabemos, nadie luce decente en los documentos oficiales.

"Puedo llevar toda la vida esta placa metálica en la clavícula", me dijo un amigo cuando relataba, orgulloso de sus pesquisas, la historia de una fractura. Además de pensar que no está bueno tener metal en el cuerpo, me clavé en la idea primera de su frase, que resonó varios minutos en mi mente: Toda la vida, toda la vida, toda la vida.
¡Qué expresión tan vaga y contundente! La estela mental del concepto me llevó a preguntarme ¿Hablamos de 34 años a partir de ahora? ¿O vas a vivir otros 50? Me fascinó el chorro de luz que alumbró por un instante la secuencia fotográfica imaginaria de las posibilidades que implica andar en este mundo por ese tiempo. Y me sentí dichosa también por lo que he tenido la fortuna de experimentar.



lunes, 14 de marzo de 2011

Una suerte de alquimia


Mientras preparo la masa para una pizza pienso que cocinar es un verdadero acto sagrado. Una auténtica suerte de alquimia.

Amaso, y la harina junto con el resto de los ingredientes toma consistencia y me obedece (sólo debo ser paciente y hacerlo con amor siguiendo el procedimiento cuidadosamente). Poco a poco, la masa adquiere la forma que ordeno... Así es también nuestro destino.

Cada ingrediente me cuenta una historia y me conduce hasta un sitio remoto, a veces poético; en otras ocasiones bárbaro. ¿Qué sería de la comida italiana sin jitomates de encendido color rojo y gusto ligeramente ácido? Originarios de América, fueron alguna vez temidos pues se pensaba que contenían un veneno letal. En la levadura para la base de mi sope siciliano está presente también en la cerveza —y ¿qué sería de la vida sin esa bebida de los dioses?—. Otro día, pienso, voy a preparar empanadas, el ingrediente secreto es la chela. Luego miro las aceitunas, frutos ricos en aceite que suavizan y humectan la piel. El queso despide un delicioso aroma. ¡Todo es mejor cuando le agregamos queso!

Mientras la deposito en el horno mi creación, pienso que elaborar un platillo para un tercero constituye también un acto de amor. "Cuando te vi cocinar me derretí", me dijo un día R, que Dios lo tenga en la gloria. Aunque en ese momento sólo me pareció gracioso, el sujeto tenía razón, ¿quién puede resistirse a una buena pasta?. Tal vez éste es un gusto heredado o aprendido. Lo primero que hacía mi abuela al verme era ponerme delante un copioso plato de la deliciosa comida que preparaba. ¡Qué buenas costillitas de res en salsa verde con nopales!

Dios me bendijo también con una madre que cocina de campeonato. Desde sencillas preparaciones hasta sofisticados platillos que requieren precisión, arte, tiempo e imaginación. Eso no tiene precio. Y es que cuando cada bocado es un placer, la vida misma es deliciosa.


sábado, 12 de marzo de 2011

También quise ser poeta

Cuando llegue la noche
me arrancaré la piel
para ofrendarla
a la luz de tus ojos

feroces llamas devoran
mi rostro
y no consigues
reconocerme.

A un paso de la eternidad
tus manos me lanzan
al precipicio del silencio
donde habitan
el miedo y la soledad

un duende nos muestra
nuestra suerte
echada en las estrellas
del mar.

Me miras desde un sitio
apartado y pegajoso
y se me olvida todo

la lluvia se desliza
en nuestros cuerpos
teje cadenas
con nuestros cabellos.

Mejor olvida
lo que aprendiste
empezando por tu nombre
y termina por ayer

falso es tu tiempo de vivir
ya verás que si lo piensas
puedes desaparecer

tu sangre se torna espesa
y se tiñe de morado
cantando esperas
el amanecer.

Primavera del 2003

Primera necesidad

La música constituye una revelación
más alta que ninguna filosofía.
Beethoven


Alguna vez me regalaron un iPod shuffle de 1 MB. Luego compré uno de 8 color negro. Después regalé otro classic 180GB, luego de unos meses alguien extravió el mío. Entonces me prestaron el de 4 GB, lo devolví y compré uno con la misma capacidad que usé hasta recibí como un obsequio el que llevo conmigo, nano color rosa, 16MB. Mi reproductor de música se ha convertido en un producto de primera necesidad; como son las canciones mismas en mi vida.

Las frecuencias del sonido me hacen vibrar. Su mensaje me invita a moverme, a bailar; y más todavía: a sentir. La música tiene algo me me embruja, que me seduce y lleva a estados distintos e inhóspitos del alma. Acertadamente dijo Nietzsche alguna vez, "sin música, la vida sería un error". Se la encuentra en los rituales religiosos, en las fiestas, en el ejercicio y la meditación. Es como la poesía.

Con el tiempo he conseguido apreciar una amplia gama de ritmos que van desde algo melancólico y alegre como el son jarocho, hasta una melodía suave y placentera. Pronto habrá otro concierto, otra sesión de baile.

jueves, 3 de marzo de 2011

Todo cambia, yo también

Pensaba que la eutanasia es una buena solución. Apasionadamente argumentaba que nadie debería estar condenado a sufrir. Era una ferviente seguidora de las normas indoloras y el culto al hedonismo. Luego descubrí el carácter sagrado de la fatalidad en la vida y cambié de parecer. Recuerdo incluso haber intentado disuadir a un amigo de sacrificar a su perro enfermo de cáncer, "es su karma y debes respetarlo", le dije. No me hizo caso.

Algo semejante me ocurrió con el tabaco, me gustaba; después advertí que me mataría. Algunos dejan de fumar con hipnosis, otros recurren a los parches, chicles de nicotina o al valor mexicano. Yo deseaba dejarlo y lo conseguí gracias a una fortísima bronquitis hace casi ya tres años; claro que también tuve que ser fuerte, cuando recuperada, veía de cerca cómo lo disfrutaban mis amigos, compañeros de oficina y demás... ¡Cómo se me antojaba una calada! Después vino el asco. Me volví hipersensible y no toleraba el humo cerca de mi. Ahora que estoy en la fase tres encabezo una campaña contra el apestoso vicio del tabaco. Mentira. Sólo molesto a la banda que fuma.

También fui hippie. De muy joven estaba convencida de que el dinero no es tan importante —pos sí, no pagaba las cuentas—. Luego me percaté de mi absurdo: La buena vida es cara. Hay otra, pero esa no es buena. ¡Qué bonito es comer en un buen restaurante, dormir en sábanas de 10 mil hilos, usar tecnología de punta!

Perdí tantas veces mi postura que terminé por ganar la sola convicción de que continuaré haciéndolo. Es mi vida.

martes, 15 de febrero de 2011

Máximas para la mujer moderna


  • El amor puede tocar a la puerta en cualquier momento. Por eso hay que estar siempre más o menos depilada.

  • Que él piense que tiene el control, ese es el arte de ser mujer.

  • Los buenos besos son como las casa viejas, lo que sucede arriba se siente abajo.

  • El gallo es el gallo, ¡pero la de los huevos es la gallina!

  • Si eres caprichosa, con toda seguridad haces berrinches. Mi'ja, eso es insoportable.

  • Arriba los hombres (así se cansan ellos).

domingo, 13 de febrero de 2011

Hazte pa' lla. Vente pa' cá.


Ciertas veces recuerdo aquella anécdota ajena que me ralatara mi muy mejor amigo hace algunos años. Es la historia de un tipo que invitó a salir a esta chica —conocidos ambos de Johny—. Cuando llegó el día de la cita fueron al cine. Ella tomó un lugar en la sala, él vaciló y finalmente dejó una butaca vacía, así miraron la película. La mujer se sintió desconcertada, lo mismo que todos los que escucharon el relato unos días después. Cuando le preguntaron al fulano por qué había actuado de esa manera contestó simplemente: "me pareció lo más adecuado".

Para alguien como yo, no resulta fácil comprender este racionamiento. Se me ocurre que muchas personas temen acercarse a los demás o lo consideran una empresa complicada. Y lo comprendo, puede resultar fatal; si te acercas demasiado, tal vez encuentres algo oscuro y aterrador. Aunque a decir verdad, el encuentro con los otros resulta casi siempre muy edificante, incluso si al final te pintan dedo. Al marcharse de tu vida, las personas te habrán dejado una herencia indeleble en el alma, una recomendación o una nueva idea incubada que "cambiará tu vida para siempre", como me gusta escribir cuando redacto la cartelera de una de las revistas para las que trabajo. ¡Adoro los clichés!

Como soy una romántica incurable, mi sueño más dorado es dejar algo bueno (por mínimo que sea) en la gente que conozco en el camino. Dicho lo anterior, confieso públicamente que le estoy agradecida hasta a los que una vez me lastimaron, y también a los que todavía extraño y a los que ya me valen madre. Gracias a Aldo por los Rolling Stones, a Alejandra por Eliseo Subiela, a Jafet por la lección, a Dyana por la risa, a Omar por el cine y la música, a Encarni por Holbox, a Yanira por las anécdotas; a todos éstos y los que me da flojera mencionar por los buenos momentos. ¡Y muchas gracias también a los que todavía andan por ahí enriqueciendo mi vida!