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miércoles, 4 de mayo de 2011

De albures y piropos


Miren qué bonito indio pícaro me traje de Santiago.



Lo recordé por el edificante diálogo que tuve con mi madre esta noche cuando llegué a casa y la encontré degustando a cucharada limpia, uno de esos tubérculos que se preparan a vapor de carbón y se venden en curiosos carritos que emiten chiflidos por vendedores de a pie que recorren las calles de noche en la querida ciudad de México.

—Ah, compraste camote.
—Sí, está bueno. Pruébalo.
—A mí me gusta con lechera.
—Yo lo prefiero así, solo, como se acostumbraba cuando era niña. Pero entonces me gustaba más el plátano. Ahora me gusta... prefiero comer... [de pronto se hizo un silencio espeso que sólo se interrumpió con una de mis sonoras carcajadas]. Suena como albur, dice mamá y sonríe.
—¡No lo quisiste decir! Jajaja.

Me reí algo así como 20 minutos, hasta que me dolió la panza y se me salieron las lágrimas. ¿Por qué no hemos de reconocerlo? Vivimos en una sociedad fálica, y eso muchas veces resulta realmente divertido. Reafirma nuestra naturaleza sexual y "se presta" (jaja) para momentos de sano humor.

Qué bonito es el albur, una de esas afortunadas formas retorcidas de la comunicación que además requiere una dosis de creatividad (y suspicacia). Siempre pensé que es curioso que tenga connotaciones homosexuales, pero es fácil explicarlo si recordamos que es uno de los divertimentos de los machines. Y yo soy una admiradora de las virtudes masculinas.

"Es que te pones de pechito", me dijo un amigo hace poco cuando reclamé (entre carcajadas) su comentario a propósito de que sentados en un sillón pequeño comenté, "me vas a tirar" a lo que me contestó "cuando gustes".

Y la verdad es que venga de donde venga, mi respuesta natural ante estas situaciones es la risa. Lo digo en serio, no me molesta que me griten "mamacita" los albañiles o que los señores de tacuche me digan por lo bajo al pasar "qué linda", mi reacción es siempre una sonrisa maliciosa.

No'mbre, los porteños son tan ligadores como los cubanos, no tienes que sospechar que te ven cara de pasaporte, y además guapos. Comento con un cuate en conversación de pasillo. —Ay, bueno, [responde] los mexicanos también son aventados, pero como no te gustan, no les contestas, ¿verdad? Y tiene razón. Si viene un tipo de no malos bigotes que me dice: "¿te estudio o te trabajo?", después de recuperarme de la risa seguramente agregaré: primero lo uno y luego lo otro, ¡cómo no!

Chile es una de las civilizaciones más fálicas que he visto —nomás chequen el nombre del país y mi recuerdito que ilustra el post, arriba—. En reciente charla (otra vez) con una mujer de aquellas tierras me platicó que su abuela tiene una pequeña figura de un burro cargado de frutas y verduras en el centro de la mesa del comedor, quesque para la abundancia. Tremendo órgano masculino ostenta el dicho animal. Una mañana, la sobrina se encontraba jugando con sus muñecas, y tan inocente a las que acercó a su vientre diciendo "tomen leche".

También es bonita la inocencia, pues. No se crean, de cuando en cuando, me tienen que explicar el doble sentido.


lunes, 14 de marzo de 2011

Una suerte de alquimia


Mientras preparo la masa para una pizza pienso que cocinar es un verdadero acto sagrado. Una auténtica suerte de alquimia.

Amaso, y la harina junto con el resto de los ingredientes toma consistencia y me obedece (sólo debo ser paciente y hacerlo con amor siguiendo el procedimiento cuidadosamente). Poco a poco, la masa adquiere la forma que ordeno... Así es también nuestro destino.

Cada ingrediente me cuenta una historia y me conduce hasta un sitio remoto, a veces poético; en otras ocasiones bárbaro. ¿Qué sería de la comida italiana sin jitomates de encendido color rojo y gusto ligeramente ácido? Originarios de América, fueron alguna vez temidos pues se pensaba que contenían un veneno letal. En la levadura para la base de mi sope siciliano está presente también en la cerveza —y ¿qué sería de la vida sin esa bebida de los dioses?—. Otro día, pienso, voy a preparar empanadas, el ingrediente secreto es la chela. Luego miro las aceitunas, frutos ricos en aceite que suavizan y humectan la piel. El queso despide un delicioso aroma. ¡Todo es mejor cuando le agregamos queso!

Mientras la deposito en el horno mi creación, pienso que elaborar un platillo para un tercero constituye también un acto de amor. "Cuando te vi cocinar me derretí", me dijo un día R, que Dios lo tenga en la gloria. Aunque en ese momento sólo me pareció gracioso, el sujeto tenía razón, ¿quién puede resistirse a una buena pasta?. Tal vez éste es un gusto heredado o aprendido. Lo primero que hacía mi abuela al verme era ponerme delante un copioso plato de la deliciosa comida que preparaba. ¡Qué buenas costillitas de res en salsa verde con nopales!

Dios me bendijo también con una madre que cocina de campeonato. Desde sencillas preparaciones hasta sofisticados platillos que requieren precisión, arte, tiempo e imaginación. Eso no tiene precio. Y es que cuando cada bocado es un placer, la vida misma es deliciosa.


martes, 15 de febrero de 2011

Máximas para la mujer moderna


  • El amor puede tocar a la puerta en cualquier momento. Por eso hay que estar siempre más o menos depilada.

  • Que él piense que tiene el control, ese es el arte de ser mujer.

  • Los buenos besos son como las casa viejas, lo que sucede arriba se siente abajo.

  • El gallo es el gallo, ¡pero la de los huevos es la gallina!

  • Si eres caprichosa, con toda seguridad haces berrinches. Mi'ja, eso es insoportable.

  • Arriba los hombres (así se cansan ellos).

viernes, 28 de enero de 2011

Filosofía del labrador


Con frecuencia siento que la vida es un desafío que debo vencer. Tengo este modo de operar basado en el principio de "tomar el toro por los cuernos" porque creo, como Hitler, que las dificultades de hicieron para vencerlas, no para claudicar ante ellas. Hace poco, un amigo sugirió que tengo una actitud bélica hacia la existencia. Nomás que no estamos de acuerdo.

Primero que nada, insisto siempre con aquello de que la agresividad no es lo mío. La mera verdad es que procuro usar la sabia y sencilla filosofía del labrador: con estas mulas tenemos que arar. Aplica para cualquier situación en la vida; sin importar lo que suceda, habrá que salir avante con los elementos con los que se cuentan. Desde que utilizo este principio he dejado de quejarme [más o menos] y he aprendido a ser feliz. Como dice Drexler, "la vida es un tobogán, duele menos soltar la baranda y dejarse llevar".

Por fortuna, he conseguido una colección de experiencias vibrantes. Atesoro recuerdos maravillosos, llenos de goce; aprendizajes invaluables, oportunidades de oro. Aunque en otras ocasiones mi vida no es otra cosa más que una novela rusa... Los reveses se suceden uno detrás de otro.

No. Exagero. Esto es más bien una tragicomedia. Y, aunque finalmente comprendí que la clave es tomar la vida como viene, y sonreír (¡qué dulce puedo ser a veces!), en ocasiones me enojo o la angustia me asalta como un duendecillo travieso y no me deja dormir. Lo buenos es que mis arrebatos dramáticos duran muy poco porque si estoy en esta vida es para buscar la armonía. Ese secreto que a veces es nada más un instante en un concierto, la poesía que se esconde en las flores, un desafío profesional alcanzado o una mirada de complicidad.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Esto no va a funcionar

Todavía puedo recordar cuando lo vi por vez primera.

Esto mismo puedo decir de casi todos los sujetos con los que alguna vez me involucré, también de los que me gustaban de lejos, aquellos que me hacían suspirar, con los que me hice mucho del rogar y a los que me entregué [metafóricamente... hablo de mis nobles y límpidos sentimientos sin mancha, naturalmente, ¿qué se pensaban?]. Pero lo que ocupa mi mente ahora es ¿qué me atrajo de ellos en primer lugar? La respuesta es distinta en cada caso, pero ni crean que les voy a contar.

Nunca estuve muy interesada en las revistas del corazón, de gustarme, tal vez me habría ahorrado tiempo en llegar a las conclusiones que tanto tiempo y esfuerzo me han costado comprender para desentrañar las sencillas leyes de la atracción sexual.

No es cierto.

Aunque es verdad que el gustito por alguien es multifactorial, las mariposas en el estómago son cada vez más difíciles de invocar. Anhelo aquellos días de la preparatoria temprana en los que idealicé a alguien a tal extremo, que apenas podía hablar con él. ¡Oh, mi Romeo! Al que no llegué a conocer, con quien jamás tuve una diferencia, ¿dónde estás mi perfecta mitad?

Y no me vuelvo a enamorar. No lo digo a la manera de Juanga, ni por las mismas razones. Con los años que tengo, el deseo no basta, pero la empatía y el cariño tampoco son suficientes. Se requiere una combinación de ambos, y de cierta inocencia, cómo no.

Siempre me gustaron las primeras etapas de una relación, cuando el énfasis se encuentra en las similitudes, en la fascinación mutua. ¿En qué momento se puede saber que la apuesta no funcionará? Justo aquí. Ah, es una pena que ahora pueda verlo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Descubra sus sentimientos


En esta época de tanto frío, le ofrecemos el sencillo pero infalible e inigualable:


Test rápido para saber si es amorrrrr (o no).



Conteste
  • A:
  • B: Un poco, la verdad
  • C: No



1. ¿Piensa en esa persona especial todo el tiempo?
2. ¿Le prestaría su cepillo dental?
3. ¿Le gusta mirarle las nalgas/ojos/senos [según sea el caso] sin reparos?
4. ¿No le importa, ni le apena que lo vean con él/ella?
5. ¿Se da cuenta de sus defectos y de todas maneras le gusta?
6. ¿Se lamenta si no puede dormir con él/ella?
7. ¿Se sacrificaría por su felicidad?
8. ¿Le daría el nip de su tarjeta bancaria?
9. ¿Quiere quedar bien con sus papás?
10. Si no se bañó, usted piensa ¿qué diablos?

RESULTADO:

Mayoría de A: Está usted hasta las cachas. Se recomienda huir antes de perder la dignidad.
Mayoría de B: Esto va a ser rápido y sin dolor (probablemente puede apostar por el placer.
Mayoría de C: No se haga pendejo, yo suyo es pura calentura.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tragicomedia mexicana


Uno de los rasgos más distintivos -y patéticos- del mexicano es su
impuntualidad, característica bien conocida en todos los sectores del país.
Los pretextos para llegar tarde van desde el tránsito pesado hasta los
más inverosímiles.

El asunto es tan serio que, algunos organizadores han decidido
anunciar los eventos hasta con una hora de anticipación, lo que
ciertamente resulta ridículo, pero he podido observar este fenómeno
en bodas, cenas, ceremonias, conferencias y toda clase de
acontecimientos formales o casuales.

Como yo también he sido víctima de los numerosos sucesos que nos
impiden llegar a tiempo, preferí no molestarme en decir nada hace un
par de días cuando, camino de un compromiso, me detuve en un crucero con
el semáforo en rojo. Como de costumbre, se acercó a mi un sujeto con
una botella llena con agua jabonosa y la tapa perforada, un peladito a
los que se conoce como limpiaparabrisas. Acababa de mandar lavar el
auto así que lo rechacé con un gesto.

Como de costumbre, llevaba el vidrio de la ventanilla bajo,
el tipo no se conformó con la negativa, se acercó a mí, casi se
introdujo al coche para decirme en voz baja (como se dicen las
confesiones de amor): mira, mejor me das lo que traigas, también tu
celular, antes de que saque mi navaja.

Me alteré un poco, lo confieso. Pensé, carajo, no le voy a dar mi
iphone [jaja]. Luego me detuve un poco a contemplar la situación. Tenía
algunos segundos para resolver a mi favor. Hice lo que
cualquiera, fingí que buscaba, al cabo de unos instantes hallé
algunas monedas y tendiéndoselas, le dije: "chale, es todo lo que
traigo". Sonriendo contestó -que Dios te bendiga, y vete con cuidado.

Me marché algo confundida y luego tuve que detenerme un poco para
asimilarlo. ¿La lección? Todavía lo estoy meditando.


sábado, 25 de septiembre de 2010

Manos arriba, calzones abajo

"No hay nada peor que unos calzones apretados", escuché decir a una mujer en conocida tienda de lencería hace un par de días: -Muchos tipos estarían de acuerdo con semejante afirmación, pensé.

Con todo y que voy a irme al purgatorio cuando muera (suponiendo que existe) porque no puedo considerarme una santa, pero tampoco soy tan pior; confieso que todavía me sorprende la sencillez con la que las personas acceden a un acostón o sexo casual para los políticamente correctos guardianes del lenguaje.

La otra noche, durante una reunión, le pregunté a un amigo qué requisitos debería cubrir una mujer para que él se animara a concederle sus favores, me contestó muy quitado de la pena "que sea del sexo femenino y que esté dispuesta". Eso me aclaró todo. [Usted perdone, querido lector, que, como Jesucristo, utilice siempre alguna historia sencilla para ilustrar mis afirmaciones, pero sé que así me comprende mejor].

Dame ya lo que te pido, que no te pido la vida, de la cintura pa´bajo, de las rodillas pa´rriba,
reza una copla popular, que todos pueden repetir y disfrutar.

En fin, para que no digan que soy mojigata, voy a comprarme unos de éstos:

lunes, 30 de agosto de 2010

La salida es por acá...


Ahora que me doy cuenta, veo todas, toditas, toditititas mis proyecciones se han cumplido de una manera o de otra. Cada pensamiento que tuve se convirtió en un hecho tangible, en un acontecimiento indiscutible. Carajo, me digo, la única diferencia entre Dios y yo es que él es barbado.

Y así es, mis ideas han ido moldeando mi vida como hacen el viento y el agua con el paisaje, --a usted, querido lector, le sucede lo mismo; aún cuando no haya querido darse cuenta--. No importa si fueron fijaciones positivas o negativas, se volvieron cosas, experiencias o personas de carne y hueso que caminan.

En adelante usaré el poder de mi mente para construir mundos inauditos.

martes, 3 de agosto de 2010

Espejito, espejito...


Dormimos, comemos, nos aseamos cada día (al menos es lo deseable). Y sin embargo, pocas veces reparamos en las implicaciones de tener un cuerpo.

Ya puedo ver a más de uno quejándose de que ésta es la única forma de existir, se equivocan; pero no abundaremos en eso, sino en lo otro.

El 90 por ciento de la información que transmitimos se da a través del lenguaje corporal, y la mayor parte del tiempo no somos ni remotamente conscientes de ello. No todos saben que, por ejemplo, cruzar los brazos sobre el pecho durante una conversación es una clara señal de autoprotección y hasta de rechazo hacia el interlocutor.

El atuendo es otra forma de discurso. Nos vestimos por muchas razones; por pudor, por higiene y para protegernos del medioambiente principalmente, pero además decimos mucho de nosotros mismos por medio de la ropa.

El gimnasio --ese recinto de la vanidad y la desesperación-- es uno de los mejores lugares para apreciar todas esas cosas, es muy divertido mirar a los hombres inflados con esteroides anabolizantes (utilizados comúnmente para engordar ganado). ¿Quién les ha dicho a estos tipos que a las mujeres nos gustan los músculos gigantes?

También me gusta ver ligar a la gente en ese sitio, todo parece indicar que no ha pasado el tiempo desde la era de las cavernas. Ellos hacen alarde de fuerza y resistencia, mientras las señoritas pretenden ser florecillas indefensas, me encanta. Lo mejor es cuando se miran al espejo mientras jalan y hacen gestos, ufff. No se lo pierdan.

lunes, 28 de junio de 2010

Todo se vale


Cuando pienso en la alarmante cantidad de ocasiones en las que (como se dice coloquialmente) "la he cagado", me quedo patidifusa. Y eso que, en honor a la verdad y por fortuna, hasta el momento mis errores no son ejemplares: no erré la vocación ni me casé con un imbécil, tampoco tengo fallos en pañales...

Lo malo es que en mis desaciertos, a veces le falté a personas que quería, o arrastré conmigo a gente inocente. Y, lo más importante, tuve que perder algo de mi precioso tiempo en reparar lo que había hecho. Lo bueno es que siempre me perdono y sigo intentando. De cualquier manera, como todos, me equivoco muchas veces, y sé que volverá a suceder por aquello de mi condición humana.

La cosa es que siempre que he estado a punto de meter la pata, normalmente algo me decía: por ahí no camines. Pero yo necia. [Estoy segura de que usted, amable lector, me comprende]. Por eso, he observado que lo más prudente es hacer una pausa cada vez que estoy por perturbar el justo y perfecto orden del universo. Y así, cuando me vuelva a equivocar, que sea con los ojos bien abiertos. Se vale hacer tonterías, pero hay que ser consciente de que eso implica ciertas consecuencias, y esas sí que no se pueden despreciar.

lunes, 21 de junio de 2010

No lo hagas en público


Entre tantos artículos que llevo conmigo en el bolso, se encuentra siempre un libro. Así, cuando veo que la cosa no está buena, me dispongo a leer tranquila y felizmente, como hice ayer que estaba de compras con mi madre durante una de sus largas sesiones de búsqueda de calzado. Mientras ella se probaba decenas de modelos distintos, yo tenía un idilio con Leszek Kolakowsky, uno de mis filósofos favoritos.

Me había sentado en una de esas bancas largas donde posan su trasero las ñoras que quieren zapatillas nuevas y entonces se me acercó un pequeñín, su madre se apresuró a reprenderlo: "Deja en paz a la señorita, que está estudiando porque mañana tiene examen". Tuve que reir.