viernes, 28 de enero de 2011

Filosofía del labrador


Con frecuencia siento que la vida es un desafío que debo vencer. Tengo este modo de operar basado en el principio de "tomar el toro por los cuernos" porque creo, como Hitler, que las dificultades de hicieron para vencerlas, no para claudicar ante ellas. Hace poco, un amigo sugirió que tengo una actitud bélica hacia la existencia. Nomás que no estamos de acuerdo.

Primero que nada, insisto siempre con aquello de que la agresividad no es lo mío. La mera verdad es que procuro usar la sabia y sencilla filosofía del labrador: con estas mulas tenemos que arar. Aplica para cualquier situación en la vida; sin importar lo que suceda, habrá que salir avante con los elementos con los que se cuentan. Desde que utilizo este principio he dejado de quejarme [más o menos] y he aprendido a ser feliz. Como dice Drexler, "la vida es un tobogán, duele menos soltar la baranda y dejarse llevar".

Por fortuna, he conseguido una colección de experiencias vibrantes. Atesoro recuerdos maravillosos, llenos de goce; aprendizajes invaluables, oportunidades de oro. Aunque en otras ocasiones mi vida no es otra cosa más que una novela rusa... Los reveses se suceden uno detrás de otro.

No. Exagero. Esto es más bien una tragicomedia. Y, aunque finalmente comprendí que la clave es tomar la vida como viene, y sonreír (¡qué dulce puedo ser a veces!), en ocasiones me enojo o la angustia me asalta como un duendecillo travieso y no me deja dormir. Lo buenos es que mis arrebatos dramáticos duran muy poco porque si estoy en esta vida es para buscar la armonía. Ese secreto que a veces es nada más un instante en un concierto, la poesía que se esconde en las flores, un desafío profesional alcanzado o una mirada de complicidad.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Esto no va a funcionar

Todavía puedo recordar cuando lo vi por vez primera.

Esto mismo puedo decir de casi todos los sujetos con los que alguna vez me involucré, también de los que me gustaban de lejos, aquellos que me hacían suspirar, con los que me hice mucho del rogar y a los que me entregué [metafóricamente... hablo de mis nobles y límpidos sentimientos sin mancha, naturalmente, ¿qué se pensaban?]. Pero lo que ocupa mi mente ahora es ¿qué me atrajo de ellos en primer lugar? La respuesta es distinta en cada caso, pero ni crean que les voy a contar.

Nunca estuve muy interesada en las revistas del corazón, de gustarme, tal vez me habría ahorrado tiempo en llegar a las conclusiones que tanto tiempo y esfuerzo me han costado comprender para desentrañar las sencillas leyes de la atracción sexual.

No es cierto.

Aunque es verdad que el gustito por alguien es multifactorial, las mariposas en el estómago son cada vez más difíciles de invocar. Anhelo aquellos días de la preparatoria temprana en los que idealicé a alguien a tal extremo, que apenas podía hablar con él. ¡Oh, mi Romeo! Al que no llegué a conocer, con quien jamás tuve una diferencia, ¿dónde estás mi perfecta mitad?

Y no me vuelvo a enamorar. No lo digo a la manera de Juanga, ni por las mismas razones. Con los años que tengo, el deseo no basta, pero la empatía y el cariño tampoco son suficientes. Se requiere una combinación de ambos, y de cierta inocencia, cómo no.

Siempre me gustaron las primeras etapas de una relación, cuando el énfasis se encuentra en las similitudes, en la fascinación mutua. ¿En qué momento se puede saber que la apuesta no funcionará? Justo aquí. Ah, es una pena que ahora pueda verlo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Descubra sus sentimientos


En esta época de tanto frío, le ofrecemos el sencillo pero infalible e inigualable:


Test rápido para saber si es amorrrrr (o no).



Conteste
  • A:
  • B: Un poco, la verdad
  • C: No



1. ¿Piensa en esa persona especial todo el tiempo?
2. ¿Le prestaría su cepillo dental?
3. ¿Le gusta mirarle las nalgas/ojos/senos [según sea el caso] sin reparos?
4. ¿No le importa, ni le apena que lo vean con él/ella?
5. ¿Se da cuenta de sus defectos y de todas maneras le gusta?
6. ¿Se lamenta si no puede dormir con él/ella?
7. ¿Se sacrificaría por su felicidad?
8. ¿Le daría el nip de su tarjeta bancaria?
9. ¿Quiere quedar bien con sus papás?
10. Si no se bañó, usted piensa ¿qué diablos?

RESULTADO:

Mayoría de A: Está usted hasta las cachas. Se recomienda huir antes de perder la dignidad.
Mayoría de B: Esto va a ser rápido y sin dolor (probablemente puede apostar por el placer.
Mayoría de C: No se haga pendejo, yo suyo es pura calentura.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tragicomedia mexicana


Uno de los rasgos más distintivos -y patéticos- del mexicano es su
impuntualidad, característica bien conocida en todos los sectores del país.
Los pretextos para llegar tarde van desde el tránsito pesado hasta los
más inverosímiles.

El asunto es tan serio que, algunos organizadores han decidido
anunciar los eventos hasta con una hora de anticipación, lo que
ciertamente resulta ridículo, pero he podido observar este fenómeno
en bodas, cenas, ceremonias, conferencias y toda clase de
acontecimientos formales o casuales.

Como yo también he sido víctima de los numerosos sucesos que nos
impiden llegar a tiempo, preferí no molestarme en decir nada hace un
par de días cuando, camino de un compromiso, me detuve en un crucero con
el semáforo en rojo. Como de costumbre, se acercó a mi un sujeto con
una botella llena con agua jabonosa y la tapa perforada, un peladito a
los que se conoce como limpiaparabrisas. Acababa de mandar lavar el
auto así que lo rechacé con un gesto.

Como de costumbre, llevaba el vidrio de la ventanilla bajo,
el tipo no se conformó con la negativa, se acercó a mí, casi se
introdujo al coche para decirme en voz baja (como se dicen las
confesiones de amor): mira, mejor me das lo que traigas, también tu
celular, antes de que saque mi navaja.

Me alteré un poco, lo confieso. Pensé, carajo, no le voy a dar mi
iphone [jaja]. Luego me detuve un poco a contemplar la situación. Tenía
algunos segundos para resolver a mi favor. Hice lo que
cualquiera, fingí que buscaba, al cabo de unos instantes hallé
algunas monedas y tendiéndoselas, le dije: "chale, es todo lo que
traigo". Sonriendo contestó -que Dios te bendiga, y vete con cuidado.

Me marché algo confundida y luego tuve que detenerme un poco para
asimilarlo. ¿La lección? Todavía lo estoy meditando.


miércoles, 20 de octubre de 2010

Así se ve desde acá


Había una vez un hombre que tenía problemas en los ojos, así que fue al doctor para una revisión. Después de reconocerlo, el médico se quitó sus propios lentes y los ofreció al paciente diciendo "con éstos verá perfectamente". El hombre, un poco desconfiado se los probó, luego de unos instantes contestó: "¡no veo nada!". Esta bonita historia que me contó Andrés Roemer durante una entrevista ilustra bien el problema de la perspectiva.

Donde yo veo una payasada ridícula, otros encuentran una idea brillante. Lo que considero falta de diplomacia es visto por otros simplemente como humor. ¿Dónde está el equilibrio? me pregunto una y otra vez. Intento respetar las perspectivas de los demás a través del ejercicio de la abstracción, me digo que considerando aisladamente cada elemento de las ideas de los otros puedo llegar a entenderlas. Y algunas veces lo consigo.

"Mi único problema con el mundo son los demás", me dice un amigo mientras esperamos que comience la función. Recuerdo las ideas recurrentes de mi adolescencia sobre lo feliz que sería si pudiera vivir aislada del mundo, en armonía conmigo misma, pero entiendo que nunca fue verdad. La riqueza del mundo consiste justamente en el hecho de que los otros existan, con sus gustos diferentes, con sus posiciones enfrentadas.

Sí, probablemente sería mucho más fácil si estuviéramos siempre de acuerdo, pero ¿qué sería de este mundo si todos quisiéramos vivir en el último piso, conducir BMW, ir a la playa de vacaciones? Después de todo, me alegra que exista la gente que prefiere beber vodka, así no se acaba el ron; qué bueno que a ti te gusta la lluvia, de cualquier forma te vas a joder mientras disfruto la primavera. Si piensas que no hay nada mejor que una comedia romántica a la manera de Sandra Bullock mientras te atragantas con palomitas, me gusta todavía más lo que hace Jean Pierre Jeunet.

Considerando lo anterior, admito que como experimento sociológico, de vez en cuando me gusta hacer las cosas a la manera de alguien más, puede ser muy divertido.

domingo, 10 de octubre de 2010

¡A los ojos!


Mi más grande debilidad hacia los niños nada tiene que ver con su inocencia, ni con su capacidad de sorpresa, tampoco su frecuente y abierta sonrisa, y aparente confianza en el mundo me conmueven; la cualidad única que me resulta irresistible en ellos es esa mirada directa y penetrante que insisten en lanzar. Eso me desarma en su presencia, es como si esgrimiendo los ojos como dos flechas, me atravesaran el alma.

Es una verdadera pena que no todos conservemos esa capacidad de enfrentarnos a los otros con valor y dignidad, pienso. Pero reconozco que es difícil sostener una mirada, a veces me parece que algo va a estallar en mí si no esquivo un par de inquisitivos ojos, con todo, si se presenta la ocasión, no dejaré de intentarlo.

En algún lugar leí que es el instinto el causante de que las personas se sientan incómodas con las miradas fijas de los otros, al parecer, en esa circunstancia nos sentimos amenazados como consecuencia de una herencia biológica milenaria.

Por eso, recuerdo un momento reciente en que me encontraba frente a alguien que me importa, a quien trataba de transmitir un mensaje significativo. Me sorprendió que me pidiera que lo mirara a los ojos. No podía dejar de reír, tal vez porque la vida es un asunto demasiado importante como para tomarla en serio, como dijera Wilde. Hice acopio de fortaleza y dije lo que debía.

Intentaré en el futuro probarme y medir a los otros con este sencillo principio, aunque debo andarme con cuidado: Hay miradas que secan milpas.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Manos arriba, calzones abajo

"No hay nada peor que unos calzones apretados", escuché decir a una mujer en conocida tienda de lencería hace un par de días: -Muchos tipos estarían de acuerdo con semejante afirmación, pensé.

Con todo y que voy a irme al purgatorio cuando muera (suponiendo que existe) porque no puedo considerarme una santa, pero tampoco soy tan pior; confieso que todavía me sorprende la sencillez con la que las personas acceden a un acostón o sexo casual para los políticamente correctos guardianes del lenguaje.

La otra noche, durante una reunión, le pregunté a un amigo qué requisitos debería cubrir una mujer para que él se animara a concederle sus favores, me contestó muy quitado de la pena "que sea del sexo femenino y que esté dispuesta". Eso me aclaró todo. [Usted perdone, querido lector, que, como Jesucristo, utilice siempre alguna historia sencilla para ilustrar mis afirmaciones, pero sé que así me comprende mejor].

Dame ya lo que te pido, que no te pido la vida, de la cintura pa´bajo, de las rodillas pa´rriba,
reza una copla popular, que todos pueden repetir y disfrutar.

En fin, para que no digan que soy mojigata, voy a comprarme unos de éstos: