lunes, 30 de agosto de 2010

La salida es por acá...


Ahora que me doy cuenta, veo todas, toditas, toditititas mis proyecciones se han cumplido de una manera o de otra. Cada pensamiento que tuve se convirtió en un hecho tangible, en un acontecimiento indiscutible. Carajo, me digo, la única diferencia entre Dios y yo es que él es barbado.

Y así es, mis ideas han ido moldeando mi vida como hacen el viento y el agua con el paisaje, --a usted, querido lector, le sucede lo mismo; aún cuando no haya querido darse cuenta--. No importa si fueron fijaciones positivas o negativas, se volvieron cosas, experiencias o personas de carne y hueso que caminan.

En adelante usaré el poder de mi mente para construir mundos inauditos.

domingo, 29 de agosto de 2010

¡Tengo miedo!


Los miedos en el siglo XXI son el fenómeno más pronunciado en las voces de los ciudadanos y forma parte de la vida cotidiana en muchas familias porque la incertidumbre económica, la inseguridad social, la alteración climática y nuevas amenazas naturales, las guerras permanentes, el crecimiento incontrolable del crimen organizado y los riesgos informáticos han demostrado cuan frágiles somos y la carencia de recursos que tenemos para afrontar los escenarios cambiantes y las coyunturas impredecibles que vivimos a diario.

El poder termina donde comienza el miedo: Estamos aquí para vivir gustosamente todo lo que la vida tenga para ofrecer, para aportar nuestras ideas al mundo y mostrar nuestra excelencia personal. La civilización se basa en un acuerdo y en estos tiempos se nos reclama ofrecer al mundo, nuestra visión de armonía y cooperación. Busca los valores nobles y vive con intenciones honestas. Asume tu poder personal, acepta la responsabilidad en tu vida... El poder de vivir bien y prosperar es algo que debe crear cada uno, de modo que debes sembrar la semilla para un elegante cambio en el jardín de tu mente.

Entramos al túnel de la inseguridad y la angustia, nada ni nadie puede dotar de sentido y seguridad a las demandas ciudadanas, el Estado se acható, la globalización rompió las fronteras y soberanías nacionales, los poderes de facto del mercado imponen la política económica, los movimientos sociales derrumban entramados institucionales y la certeza se diluye en un mar de contradicciones y sin encontrar una dársena donde anclar la seguridad y desalojar los miedos de las subjetividades colectivas.

El uso sano del miedo tiene su sentido y puede servir como una voz de alarma para que no te acerques demasiado a un precipicio. Cuando te acercas a un verdadero peligro, tu cuerpo siente un auténtico sofoco de energía, pues la amígdala envía señales de luchar o huir. Nuestra mayor prueba consiste en hacer que el cuerpo supere el miedo. Cuando el centro del miedo se activa constantemente y se convierte en un hábito, la mente no puede pensar claramente. Cuando cambies tu actitud, cambiarás también tu vida individual y colectiva. En todas partes del mundo se están dando cuenta de que es necesario reorientar la dirección de la atención global hacia la honestidad e integridad, valorando la paz y honrando y cuidando respetuosamente la Tierra y todas sus criaturas.

El miedo en la sociedad es, entonces, inconmensurable debido a su manifestación en lo extenso de la capilaridad del cuerpo social y con diversas expresiones. Existen los miedos a ser pobre, a quedar excluido, perder la vida, llegar a desemplearse o estar enfermo por epidemias emergentes, quizás a no contar con su familia o la desaparición de sus padres, en fin, hay diversos miedos pero siempre existe una fuente de miedo porque no existe el miedo a lo desconocido sino al ente, sujeto o factor que lo determina.

La humanidad se está poniendo a prueba para ser mucho más consciente de cómo utilizar el poder del pensamiento. Hemos nacido con muchas habilidades; sin embargo, nuestras creencias insisten en el hecho de que somos impotentes; por eso, esas habilidades están bloqueadas. La clave para solucionar la crisis planetaria se halla en el humilde reconocimiento que la humanidad ha desarrollado una especie de miedo colectivo ante el poder de crear.

Todo es perspectiva, mis queridos hermanos.

Itálicas: citas de Arquitectura política del miedo, de Robinson Salazar

Negritas: extractos de Recuperar el poder, de Barbara Marciniak

Ahora los dejo. Si les apetece, vean nomás lo ridículos que se ponen cuando le temen a cualquier cosa...




miércoles, 25 de agosto de 2010

Why can't we be friends?


Que alguien me explique, ¿por qué si le dedicas una sonrisa a un tipo asume automáticamente que le estás coqueteando? Jelouuu. Siempre digo que las relaciones humanas son bien complicadas pero no, lo complicado es lidiar con la tendencia de algunos a pensar mal.

Entiéndelo de una buena vez, los hombres y las mujeres no pueden ser amigos, insiste Eli, mi amigo el guionista. Es lo mismo que Billy Crystal dice a Meg Ryan en When Harry met Sally:

H:Los hombres y las mujeres no pueden ser amigos porque siempre se interpone la parte sexual S: Estás equivocado, yo tengo muchos amigos y para nosotros, el sexo no cuenta para nada H: No es cierto S: Sí es cierto H: Tú crees que es así S: ¿Insinúas que me acuesto con todos mis amigos sin saberlo? H: No, pero todos ellos quieren acostase contigo S: No es cierto H: Sí es cierto S: No es cierto H: Sí es cierto S: Y tú ¿cómo lo sabes? H:Porque ningún hombre puede ser amigo de una mujer a la que encuentra atractiva, siempre quiere acostarse con ella S: Según tú, un hombre sólo puede ser amigo de una mujer si no la encuentra atractiva H: No. Si es amigo de una mujer a la que no encuentra atractiva, igual querrá acostarse con ella. El sexo siempre está presente, por lo que la amistad está condenada y ese es el fin de la historia

Pero yo necia.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Consumir / producir


Millones se despiertan temprano y se preparan para trabajar en aquello que odian, lo hacen porque deben comprar lo que no necesitan. Pero eso sí, los fines de semana hay que salir de parranda, no se perdona la borrachera, y cada domingo es un tormento que se mitiga con alguna película palomera.

Nuestra sociedad ha alcanzado un grado interesante de sofisticación, los dispositivos desarrollados en los últimos años nos permiten estar comunicados todo el tiempo, las máquinas hacen muchas cosas por nosotros y una gran cantidad de información está al alcance de todos. Ahora más que nunca contamos con las herramientas para estar sanos y felices, para cumplir nuestros sueños.

Por desgracia, los grandes conflictos de todos los tiempos continúan sin resolverse, las personas no saben cómo alcanzar la plenitud y la felicidad. Una vez más hay que culpar al sistema. Nos enseñaron que debemos tener y producir, nos hemos olvidado de valorar lo que tiene verdadera importancia: descubrir y cultivar nuestros talentos, hacer lo que más nos gusta, ser capaces de dar y recibir amor, cuidar nuestro cuerpo, observar la naturaleza. Debemos recuperar lo que hay de humano en nosotros y olvidarnos de las patrañas de las que quieren convencernos, ahí está la clave.

martes, 3 de agosto de 2010

Espejito, espejito...


Dormimos, comemos, nos aseamos cada día (al menos es lo deseable). Y sin embargo, pocas veces reparamos en las implicaciones de tener un cuerpo.

Ya puedo ver a más de uno quejándose de que ésta es la única forma de existir, se equivocan; pero no abundaremos en eso, sino en lo otro.

El 90 por ciento de la información que transmitimos se da a través del lenguaje corporal, y la mayor parte del tiempo no somos ni remotamente conscientes de ello. No todos saben que, por ejemplo, cruzar los brazos sobre el pecho durante una conversación es una clara señal de autoprotección y hasta de rechazo hacia el interlocutor.

El atuendo es otra forma de discurso. Nos vestimos por muchas razones; por pudor, por higiene y para protegernos del medioambiente principalmente, pero además decimos mucho de nosotros mismos por medio de la ropa.

El gimnasio --ese recinto de la vanidad y la desesperación-- es uno de los mejores lugares para apreciar todas esas cosas, es muy divertido mirar a los hombres inflados con esteroides anabolizantes (utilizados comúnmente para engordar ganado). ¿Quién les ha dicho a estos tipos que a las mujeres nos gustan los músculos gigantes?

También me gusta ver ligar a la gente en ese sitio, todo parece indicar que no ha pasado el tiempo desde la era de las cavernas. Ellos hacen alarde de fuerza y resistencia, mientras las señoritas pretenden ser florecillas indefensas, me encanta. Lo mejor es cuando se miran al espejo mientras jalan y hacen gestos, ufff. No se lo pierdan.

jueves, 1 de julio de 2010

Somos todos

Al transitar por la enorme ciudad de México (mi hogar), tengo la impresión de que me convertí en un fantasma. Pasa incluso en zonas que me resultan familiares. Con frecuencia salgo de casa a dar paseos en bicicleta por los alrededores —siempre es mejor ir al bosque pero cuando no se puede, me conformo con andar por la colonia— y entonces descubro que soy ajena a todos los presurosos compatriotas que me encuentro por ahí.

La gente no tiene la costumbre de saludar a nadie en la calle ni prestan atención a los demás, y a todos nos parece muy normal. Es un fenómeno de las grandes urbes, supongo: la triste pérdida de sensibilidad. Esto da cuenta de algo mucho más grave, la falta de sentido de comunidad que tanta falta en este tiempo.

Recuerdo con nostalgia mi viaje a la Habana, donde la gente te aborda por la calle abiertamente, sólo para conversar y siempre con alegría (sí, ya sé que en una de esas, algunos me vieron cara de pasaporte, me da lo mismo). En mi país, las personas son tan recelosas que pocas veces se atreven a cruzar palabra con los extraños. Hace falta un mundial o una desgracia como el terremoto de 1985 para que los mexicanos se sientan unidos.

Me dieron ganas de llorar cuando en Guadalajara, Jalisco, pude ver con mis propios ojos la patética y ya célebre pinta que reza: "Haz patria, mata un chilango". Pero luego, cuando fui a Mérida, lo comprendí todo. En esa bellísima ciudad, las personas respetan el acuerdo uno por uno cuando van en el automóvil, dan el paso al peatón y son siempre gentiles cuando preguntas por una dirección.

Acá, la gente te deja ir el coche sin miramientos. Cuando conduzco, me doy cuenta de que es una regla de subsistencia: Al volante [como en la vida misma] a veces hay que aventarse. Sin embargo, hago un esfuerzo por poner las intermitentes, dejo pasar a todo el que me pide permiso, trato de sonreir y hablar a los desconocidos porque quiero que las cosas cambien en este lugar y no me queda más remedio que empezar por mi.

lunes, 28 de junio de 2010

Todo se vale


Cuando pienso en la alarmante cantidad de ocasiones en las que (como se dice coloquialmente) "la he cagado", me quedo patidifusa. Y eso que, en honor a la verdad y por fortuna, hasta el momento mis errores no son ejemplares: no erré la vocación ni me casé con un imbécil, tampoco tengo fallos en pañales...

Lo malo es que en mis desaciertos, a veces le falté a personas que quería, o arrastré conmigo a gente inocente. Y, lo más importante, tuve que perder algo de mi precioso tiempo en reparar lo que había hecho. Lo bueno es que siempre me perdono y sigo intentando. De cualquier manera, como todos, me equivoco muchas veces, y sé que volverá a suceder por aquello de mi condición humana.

La cosa es que siempre que he estado a punto de meter la pata, normalmente algo me decía: por ahí no camines. Pero yo necia. [Estoy segura de que usted, amable lector, me comprende]. Por eso, he observado que lo más prudente es hacer una pausa cada vez que estoy por perturbar el justo y perfecto orden del universo. Y así, cuando me vuelva a equivocar, que sea con los ojos bien abiertos. Se vale hacer tonterías, pero hay que ser consciente de que eso implica ciertas consecuencias, y esas sí que no se pueden despreciar.